No solo las molestias causadas por las alergias son una señal de que estamos en primavera. También lo son las plagas.
Favorecidas por un clima más cálido y húmedo, comienzan a hacerse más presentes y a generar complicaciones para la industria alimentaria. Las plagas representan un riesgo crítico no solo para la inocuidad de los alimentos, la salud pública y la reputación comercial de las empresas, sino también por las importantes pérdidas asociadas al deterioro y contaminación de los alimentos.
Entre las principales especies involucradas se encuentran roedores, cucarachas, moscas, aves, gorgojos y polillas, cada una con características y hábitos que requieren estrategias específicas de prevención y control.
Diferentes plagas, diferentes riesgos
Cada una de las especies que constituyen una plaga presenta características y hábitos particulares que determinan el tipo de daño que puede provocar en las instalaciones y los alimentos.
Los roedores, como ratas y ratones, pueden dañar estructuras, romper envases y transmitir enfermedades a través de su orina, heces y pelo. Además, su presencia puede generar contaminación de materias primas, productos y superficies.
Las cucarachas se multiplican rápidamente en zonas cálidas y húmedas donde encuentran alimento y refugio, pudiendo contaminar superficies y alimentos con microorganismos patógenos.
Por su parte, los insectos voladores, como moscas y mosquitos, pueden transportar microorganismos hacia los alimentos y superficies, contribuyendo a la contaminación con patógenos como Salmonella y E. coli.
Las aves, como palomas y gorriones, también pueden representar un riesgo cuando acceden a instalaciones, techos o áreas de almacenamiento. Durante la búsqueda de alimento y refugio, pueden contaminar superficies y materias primas con plumas y deyecciones.
Un capítulo especial corresponde a los insectos de productos almacenados, entre ellos gorgojos, escarabajos y polillas, capaces de afectar granos, harinas, cereales secos y otros productos almacenados, provocando pérdidas económicas y comprometiendo su calidad e inocuidad.
Conocer sus hábitos para prevenir
Conocer las plagas y comprender sus hábitos permite establecer mejores estrategias para prevenir su ingreso, detectar oportunamente su presencia y controlar sus posibles fuentes de proliferación.
Cuando estas estrategias se encuentran adecuadamente fundamentadas e implementadas, hablamos de Manejo Integrado de Plagas (MIP), un enfoque preventivo que busca minimizar las condiciones que favorecen la presencia de plagas y que forma parte de los programas de prerrequisitos asociados a los Sistemas de Gestión de Inocuidad basados en HACCP.
Entre los elementos clave de un Manejo Integrado de Plagas en la industria alimentaria se encuentran:
- Inspección constante: revisar las materias primas que ingresan, además de vigilar los perímetros de las instalaciones, equipos y zonas susceptibles de favorecer el ingreso o refugio de plagas.
- Exclusión física: sellar grietas y aberturas e instalar barreras como mallas mosquiteras, cortinas de aire y otros sistemas que permitan dificultar el ingreso.
- Orden y limpieza: eliminar fuentes de agua, acumulaciones de residuos y restos de alimentos que puedan convertirse en fuentes de alimentación o refugio.
- Manejo de residuos: retirar frecuentemente la basura y disponerla en recipientes adecuados y, cuando corresponda, herméticos.
- Monitoreo y trampas: utilizar sistemas de monitoreo y captura adecuados para cada tipo de plaga, permitiendo detectar oportunamente su presencia y actividad.
- Capacitación del personal: entregar herramientas para identificar señales de presencia de plagas y establecer canales de reporte que permitan actuar oportunamente.
Más que reaccionar cuando aparece una plaga, el objetivo es prevenir las condiciones que favorecen su presencia y contar con mecanismos eficaces para detectar y controlar cualquier desviación.
El control de plagas comienza con las competencias
Un programa de control de plagas en la industria alimentaria requiere mucho más que instalar trampas o realizar aplicaciones. Implica comprender el comportamiento de las distintas especies, identificar factores de riesgo, establecer medidas preventivas y evaluar la efectividad de las acciones implementadas.
Por eso, contar con personas capacitadas es un elemento fundamental para fortalecer un Manejo Integrado de Plagas (MIP) efectivo y alineado con los objetivos de inocuidad de la organización.
En 360 GMS trabajamos para desarrollar las competencias que la industria de alimentos necesita para gestionar sus riesgos y fortalecer sus Sistemas de Gestión de Inocuidad. En esta línea, contamos con el curso Gestión de Plagas en la Industria Alimentaria, orientado a entregar herramientas para comprender, prevenir y gestionar los riesgos asociados a las plagas en instalaciones de alimentos.
Porque en inocuidad, prevenir siempre será parte fundamental del control.
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